martes, 29 de abril de 2008

Tenemos tanto que contar en El Aleph




Eduardo Naredo, recibe a todos y todas en su librería, las historias antiguas como las que se están viviendo hoy en día, en la foto con el poeta Julio César Ibarra, quien junto al laureado escritor Martín Faunes Amigo, de la Corporación Letras de Chile, están desarrollando el proyecto "Tenemos tanto que contar..." mediante el cual los escritores han capacitado a los adultos mayores del Centro del Encuentro del Adulto Mayor (CEAM), del Hogar de Cristo en La Pintana, para que le cuenten cuentos a los niños y niñas, en donde quiera que los inviten.

En la actualidad, los Cuentacuentos de La Pintana, están visitanto 19 de 26 Bibliotecas Infocap, que la Un Tech para Chile han instalado en los campamentos de Santiago.

Esta es una actividad patrocinada por el consorcio formado por el Hogar de Cristo, Un Techo para Chile y Letras de Chile, en el marco del desarrollo de un Plan de Fomento de la Lectura y Escritura para el país. Para conocer más del proyecto les invitamos a visitar http://tenemostantoquecontar.blogspot.com.


Ediciones antiguas: Pablo Neruda








Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto nace en Parral el 12 de julio de 1904. Hijo de don José del Carmen Reyes, de ojos azules muy lindos, dicen, socarrón, la misma risa de Pablo, agricultor de viñedos, trabajador de los diques de Talcahuano y ferroviario en Temuco. La madre, doña Rosa Neftalí Basoalto Opazo, de quien el niño hereda el nombre, era profesora en Parral. Se casa de treinta y ocho años y muere de treinta y nueve, consumida por la tuberculosis, al mes de nacer el hijo, como destinada a cumplir su misión y morir.

"Cuando nací mi madre se moría"; "Madre, he llegado tarde para besarte / para que con tus manos me bendigas", dirá el niño en sus primeros poemas, buscando la imagen de la madre que sólo conoce a través de una vieja fotografía encontrada en un baúl de los Mason, sus vecinos de Temuco. "Era una señora vestida de negro, delgada y pensativa. Me han dicho que escribía versos, pero nuncal los vi, sino aquel hermoso retrato".


El Primer Poema

El padre se casa en segundas nupcias con doña Trinidad Candia Marverde. Era diligente y dulce, tenía sentido del humor campesino, una bondad activa e infatigable. No puede nombrarla madrastra. Ella es su "Mamadre": "Mi boca tiembla para definirte/ porque apenas/ abrí el entendimiento/ vi la bondad vestida de pobre trapo oscuro". También ahora pertenecen a este nuevo hogar sus hermanos Laurita y Rodolfo. Atrás quedó Parral como recuerdo vago, blanco y polvoriento. Es Temuco, su geografía: lluvias, bosques, madera, pájaros, insectos cogidos por los ojos hacia el arca de su curiosidad desmedida. Y son de Temuco las tiendas identificadas con objetos inmensos: zapatos, serruchos, caballos, llaves, olletas para los que no saben leer. Ciudad de incendios, las casas de madera no están preparadas para el verano. Allí entra al Liceo, sus compañeros de apellidos extranjeros "iguales entre los Aracenas y los Ramírez y los Reyes, brillaban con luz oscura los apellidos araucanos olorosos a madera y agua: Melivilus, Catrileos." Y los primeros amores, "los purísimos", ls primeras lecturas: Buffalo Bill, Salgari, y la señora que llegó de las regiones australes con vestidos muy largos y zapatos de taco bajo. Era la nueva directora del Liceo de Niñas...se llamaba Gabriela Mistral. De allí también nace el primer poema "habiendo apenas aprendido a escribir sentí una vez una intensa emoción y tracé unas cuantas palabras semirrimadas, pero extrañas a mí, diferentes del lenguaje diario. Las puse en limpio en un papel, preos de una ansiedad profunda, d un sentimiento hasta entonces desconocido, especie de angustia y tristeza...completamente incapaz de juzgar mi primera producción, se la llevé a mis padres...Les alargué el papel con las líneas, tembloroso aún con la primera visita de la inspiración. Mi padre, distraídamente lo tomó en sus manos, distraídamente lo leyó, distraídamente me lo devolvió, diciéndome: ¿De dónde lo copiaste?."

El padre quiere para su hijo una carrera dignísima para que se gane la vida. Que sea profesor. La poesía no cabe en su mundo. El muchacho cambia su nombre para poder publicar en diarios y revistas. Renuncia a la herencia de su madre, de Neftalí se va a "Pablo" por le gusta el sonido y "Neruda", tomado del poeta checo Jan Neruda.

Un día el muchacho de tierras adentro conoce el mar: "cuando estuve por primera vez frente al océano quede sobrecogido. Allí entre dos grandes cerros (el Huilque y el Maule) se desarrollaba la furia del mar. No era sólo las inmensas olas nevadas que se levantaban a muchos metros de altura sobre nuestras cabezas, sino un estruendo de corazón colosal, la palpitación del universo".

Desde entonces el mar es su obsesión. El grumete recoge las olas, la espuma, las costas, caracolas marinas, peces que van cayendo en el continente de su arca. Ya sus cuadernos están llenos de poemas que guarda celosamente su hermana Laura. Algunos arrancan de sus páginas y asoman tímidos en el diario "La Mañana" de Temucho; "Corre-Vuela" (Santiago); "Siembra" (Valparaíso); "Revista Cultural" (Valdivia); "Asteroides" (Cauquenes); "Ratos Ilustrados" (Chillán); "Selva Austral" (Temuco).


El Tren Nocturno

Y llega el momento de dejar la casa paterna con la cabeza "llena de libros, de sueños y de poemas que zumbaban como abejas...con el indispensable traje negro de poeta, delgadísimo y afilado como un cuchillo, entré en la tercera clase del tren nocturno que tardaba un día y una noche interminables en llegar a Santiago". La mano del padre lo despide en la estación como empujándolo a un destino en el magisterio, mientras él se ve conquistando la capital literaria.

En Santiago, divide su vida entre el Pedagógico de la Universidad de Chile donde se nutre de la cultura, se relaciona con intelectuales, con poetas y semipoetas, y su otra vida, su otra realidad de muchacho provinciano pobre, de penurias y hambre. En una pensión de la calle Maruri, desde los crepúsculos hasta los amaneceres, comienza a estructurar su primer libro. Mira por el balcón "el cielo embanderado de verde y carmín, la desolación de los techos suburbanos amenazados por el incendio del cielo".


La Bohemia

En las noches se reúnen los poetas en largas conversaciones enredadas en versos hasta la madrugada. Del frío se defiende con una capa que ferrocarriles proveía a su padre, "de grueso paño gris. Yo la destiné a la poesía". Implanta la moda y todos la usan. Los estudios se postergan y las horas son ocupadas escribiendo poemas en su pobre habitación. Se acerca a la Federación de Estudiantes; la capital le aporta amigos: Alberto Rojas Giménez, Romeo Murga, Tomás Lago, Orlando Oyarzún y tantos otros. El Pedagógico lo presenta a "Marisombra", la sensual niña de la "boina fris", inspiradora de parte del libro en que trabaja. Gana el Primer Premio del concurso de los Juegos Florares por su poema "Canción de la Fiesta". Termina su libreo junto a oemas de intensa desolación ( "Farewell", "El Castillo Maldito", "Tengo Miedo") hay otros de generosa actitud social con la confianza en la palabra poética como transformadora de la realidad. Se publica con el nombre de "Crepusculario" en 1923 cuando Pablo Neruda cuenta con apenas diecinueve años, pero ya el futuro capitán echa a andar las usinas de su barco. Siente que la costas de "Crepusculario" está quedando atrás y se columbran adelante "El Hondero Entusiasta", los "Veinte Poemas de Amor", "Tentativa del Hombre Infinito" y tantos otros...Pero eso forma parte de otra etapa.


Pensando a Chile: Clodomiro Almeyda




HACE 11 AÑOS ATRÁ, EL MARTES 26 DE AGOSTO DE 1997
MURIÓ CLODOMIRO ALMEYDA


Tenía 74 años
  • Fue una figura clave del socialismo chileno
  • Vivió 14 años exiliado
  • Durante el gobierno de Aylwin fue embajador en Moscú, y en 1991 asiló en su embajada al líder de la ex RDA Erich Honecker


  • (Santiago. EFE y Clarín).- Repugnancia. Así solía describir, cuantas veces se lo preguntaran, su sentimiento hacia el general Augusto Pinochet, quien tras el setiembre negro de 1973 lo condenó al exilio y en 1987 a la cárcel en una isla del sur chileno.

    Clodomiro Almeyda, canciller del ex presidente Salvador Allende y hombre de pocas palabras pero de definiciones certeras, murió ayer a los 74 años en Santiago, tras una larga enfermedad.Yo me defino como marxista, repetía sin temores cuando ya reinstaurada la democracia en Chile, en 1990, partía hacia la entonces Unión Soviética para hacerse cargo de la representación diplomática del gobierno de Patricio Aylwin, desde donde fue testigo privilegiado del derrumbe de la URSS.

    Y fue en Moscú en donde recibió como huésped personal en su embajada al líder de la entonces República Democrática Alemana y prófugo de la Justicia, Erich Honecker, que provocó un verdadero tembladeral en el gobierno de la Concertación, integrado por socialistas y democristianos, y un entuerto diplomático entre Chile, Alemania y la URSS. Pese a las críticas, Almeyda matuvo su decisión, apoyado por Aylwin, y Honecker viajó a Chile, donde murió en 1994.

    Definido alguna vez como el más grande marxista-leninista latinoamericano después de Fidel Castro, Almeyda fue un teórico del socialismo, y considerado además, el heredero político de Allende.Dirigente histórico del Partido Socialista chileno, que hizo de la docencia una de las principales actividades de su vida, Almeyda fue un estrecho colaborador del presidente Allende (1970-73), de quien fue ministro de Relaciones Exteriores y vicepresidente de la república.

    Nacido en Santiago en 1923, Clodomiro estudió Derecho en la Universidad de Chile donde posteriormente obtuvo el título de profesor de Filosofía.En 1952, como miembro del Partido Socialista fue nombrado ministro del Trabajo en el gabinete del presidente populista Carlos Ibáñez y en 1953 fue designado ministro de Minas, cargo que dejó para convertirse tiempo después en diputado por Santiago.

    Almeyda, quién ocupó los más altos rangos dentro del socialismo, tuvo como canciller una activa participación en los foros de los Países No Alineados, y fue el encargado de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba, suspendidas tras el triunfo de la revolución encabezada por Castro.Bajo, pero robusto, y acompañado siempre de sus gruesos lentes, Almeyda fue también ministro de Defensa y del Interior.

    A raíz del golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973, fue detenido y llevado a la isla Dawson y, posteriormente, enviado al exilio, donde vivió principalmente en la ex República Democrática de Alemania (RDA) y México, dedicado por igual a la política y a la docencia.

    En los últimos años de la dictadura pinochetista, en 1987, Almeyda regresó al país sin autorización cruzando a lomo de mula la cordillera de los Andes.Ese mismo año, una decisión de la Corte de Justicia lo condenó a un año y medio de cárcel por apología de la violencia y lo inhabilitó a cuanta actividad pública haya de imaginable.A los pocos meses fue autorizado a vivir en Chile y se convirtió en uno de los articuladores de la reunificación del socialismo chileno, que se había dividido en varias facciones tras el golpe militar.

    También fue uno de los gestores de la Concertación de Partidos por la Democracia, coalición que forjó el retorno de la democracia en Chile y que llevó a la presidencia a Aylwin en 1990 y a Eduardo Frei, en 1994.

    En la última etapa de su vida, Clodomiro Almeyda era director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile.Gestor importante del pensamiento político socialista chileno, pocos días antes de morir, Clodomiro Almeyda se reunió con Carlos Altamirano que alguna vez fue su contrincante en la dirección del partido y con el actual presidente socialista, el diputado Camilo Escalona, quizás para despedirse, quizás para recordarles de qué se trató el pensamiento socialista durante buena parte del siglo veinte.


    La ciudad sumergida: Mario Águila



    Mario Águila, poeta y trotamundos, publicó hace poco su libro La Ciudad Sumergida, Eduardo Naredo lo tiene en su librería. Águila fue publicado además, en Internet, en la Editorial Virtual CIBEROKUPA, http://www.ciberokupa.cl, en este sitio web, sitio histórico de la generación ochenta de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se pueden encontrar otros poemas del autor. A continuación, el poema de inicio de la Ciudad Sumergida...


    Hay silencio y las calles ondulan levemente

    las luces encendidas bajo el agua están desorientadas

    los ríos de cemento llamados calles

    están detenidos

    arrastrando a los buques maniceros bajo el agua.

    Hay una casa pequeña con las murallas repletas

    de ladrillos y cemento flotando

    bajo el agua

    los vestidos se saludan y los sombreros también,

    dos amigos beben sin mesura

    en la calle que ondula levemente.

    También los desvestidos se saludan

    igual no más sin ver al viento detenido

    que escucha en una esquina el

    flap flap flap

    vuela el ave

    con su gran cola blanca

    y su pecho de flores plateadas

    flap

    pero vuela de espaldas

    pero vuela de espaldas

    etc.


    El Aleph: entre las 10:00 y las 20:00 horas





    La Librería El Aleph atiende entre las 10 de la mañana y las 8 de la noche, en Providencia 1120, local 73. En este lugar se reunen escritores, poetas, historiadores, estudiantes, profesionales chilenos y extranjeros que postulan a ser Doctores (phd) en prestigiosas universidades del mundo, todo ello porque Eduardo Naredo ha reunido en laboriosos años de búsqueda un material valioso que refleja los avatares de nuestro pasado reciente, condición de nuestro presente.

    Los encuentros en El Aleph son casuales, ocurren por amistad con el librero, quien en cierto sentido hace de confidente de la historia, es él quien le cuenta a los visitantes de los amigos inubicables, que algún día pasaron por ahí a tomarse un café, a dejarle su último libro o a venderles alguna joya de colección; es él quien recibe a los triunfadores y a los que no han vencido a nadie, para él todos y todas son amigos y hay que acogerlos.


    Desde el Túnel: Manuel Guerrero




    Acerca de Manuel Guerrero


    Cada año se recuerda en Chile la pérdida de Manuel Guerrero Ceballos, José Manuel Parada y Santiago Nattino, quienes fueron secuestrados y luego brutalmente asesinados. No hubo acusación ni juicio. No habían cometido delito alguno.

    Fueron víctimas del terror de Estado, de la violencia impuesta como razón, que imperó durante 20 años en nuestro país, y que aún persiste como herencia que no logramos erradicar.

    El Colegio de Profesores de esos años, intervenido por el régimen, guardó cómplice silencio ante éste y otros crímenes atroces.

    Manuel era un maestro. Un joven profesor normalista. Tenía sólo un poco más de 30 años cuando fuera asesinado. Era padre de dos hijos. No alcanzó a conocer a Manuela Libertad, su última hija. Escritor e hijo de un escritor que retrató la lucha campesina.

    Un gran dirigente estudiantil, social y político: Presidente de la Federación de Estudiantes Normalistas, gestor de maravillosas Jornadas de Trabajo Voluntario que comprometieron con el país a millones de jóvenes, dirigente de las Juventudes y del Partido Comunista.

    Manuel se comprometió desde el primer día en la lucha por recuperar la democracia.

    Vivió la clandestinidad, fue detenido y torturado por el Comando Conjunto. En 1976, en 4 Alamos, logró escapar de la muerte.
    Sufrió el exilió y desde allí continuó su lucha.

    Retornó al país y buscó en la AGECH, de la que fuera Presidente Metropolitano, su lugar de compromiso con el magisterio y la democracia.

    Tal vez, esta breve biografía responde todas las preguntas iniciales.

    Cuando le dimos su nombre al edificio de los profesores chilenos, quisimos recoger en él las mejores tradiciones de nuestro magisterio. Él fue hijo de la educación pública y se comprometió en su defensa y fortalecimiento. Porque Manuel, como nosotros, siempre estuvo convencido que sólo la educación pública puede garantizar la no discriminación, el respeto a la diversidad de ideas y visiones de mundo, una efectiva libertad de enseñanza.

    Porque siempre creyó que el sistema público de educación es el único que puede favorecer calidad para todos y la formación para una vida social activa en todos los terrenos, así como mayores posibilidades de movilidad social.

    Manuel fue un profesor que comprendió desde muy joven el valor y la importancia de la organización social como condición sustantiva de una real democracia. Se comprometió con ella y la defendió. Fue un militante político, pero entendió que esa opción no se limitaba en el partidismo sino que era una expresión de compromiso social, para ir construyendo, junto a otros, una sociedad distinta, humana y solidaria.

    Jorge Pavez, ex- presidente del Colegio de Profesores de Chile A.G.
    Líder del Movimiento Fuerza Social Democrática


    Hijo del Salitre: firmado por Volodia Teitelboim y Elías Laferte




    Eduardo Naredo, tiene en su librería una copia del libro "Hijos del Salitre", firmada por dos de los próceres del Partido Comunista chileno, el mismo autor Volodia Teitelboim y Elías Laferte. Un documento literario e histórico al mismo tiempo, sólo para coleccionistas.